Datos y relatos sobre la fijación del salario
mínimo vital para 2026
"Un episodio de la lucha de clases en Colombia"
Tabla de contenidos
Introducción
“Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases.”
El propósito de este texto es narrar un episodio reciente de la lucha de clases en Colombia: la fijación del salario mínimo por el gobierno del Pacto Histórico, presidido por Gustavo Petro, con base en el criterio de garantizar un salario vital a los trabajadores. Igualmente, enmarcar este suceso en las discusiones conceptuales y las relaciones entre salario, precio y ganancia.
El gobierno nacional tomó la decisión de establecer el salario mínimo para 2026 en la suma de $1.705.950, el incremento porcentual real (18%)[1] más alto en la historia de la fijación del salario mínimo en Colombia. Aunque el Código Sustantivo del Trabajo y la ley 278 de 1996 hablan de la fijación del salario mínimo, lo cual implica la determinación de una magnitud que garantice una “vida digna” a los trabajadores, en la práctica, a lo largo de décadas, la costumbre ha sido determinar un incremento porcentual principalmente con base en el índice de precios al consumidor y la productividad.
El gobierno nacional adoptó una lógica diferente, acorde con lo dispuesto en la Constitución y la ley: la determinación de un salario vital con base en las necesidades de consumo de los trabajadores. Por tanto, se fija primero la magnitud de dicho salario y luego se compara con el valor del año anterior obteniéndose así el incremento porcentual.
Esta decisión del gobierno ha sido objeto de fuertes críticas de los capitalistas directamente y por intermedio de los gremios económicos, de los dirigentes políticos de los partidos tradicionales, de la mayoría de los economistas, de los medios de comunicación, de los analistas y de los columnistas de opinión. Se afirma hasta el cansancio que la decisión del gobierno es populista, irresponsable y anti-técnica y se destaca que el método tradicional de calcular el incremento salarial es fundamentalmente un procedimiento técnico. Se da una coincidencia entre los intereses económicos de los capitalistas y los argumentos técnicos de los expertos. Este debate es una continuación de la discusión con respecto a la reforma laboral promovida por el gobierno del Pacto Histórico, la cual aumentaba también los costos laborales para las empresas.
La relación entre los capitalistas y los trabajadores asalariados es la relación fundamental en la sociedad capitalista. Los trabajadores asalariados venden su fuerza de trabajo a los capitalistas quienes la compran con la finalidad de obtener un excedente mediante la producción y venta de mercancías. Desde la perspectiva del capitalismo los trabajadores no son seres humanos, son un coste laboral, que en el proceso de la producción y la competencia capitalista tratan de reducir al nivel mínimo posible. El fundamento de la lucha de clases en el capitalismo es la distribución del valor agregado creado por los trabajadores entre el valor de la fuerza de trabajo y el plusvalor (que se reparte en ganancias, intereses, rentas de la tierra e impuestos).
Dada una producción determinada, si aumentan los salarios de los trabajadores se reducen las ganancias de los capitalistas, lo cual explica la pugna entre las clases y los esfuerzos de cada parte por incrementar su participación. Pero incluso en condiciones de mayor productividad, con crecimiento del producto, en las cuales podría aumentar la parte absoluta de cada una de las clases, persiste el conflicto en torno al reparto relativo. En esta lucha los capitalistas están en mejor posición debido a varios factores: a) exceso de oferta de fuerza de trabajo con relación a la demanda; b) mayor capacidad de coordinación entre los capitalistas y obstáculos para la organización sindical; c) posición del gobierno usualmente en favor de los capitalistas.
Sin embargo, durante el gobierno del Pacto Histórico, favorable a los intereses de los trabajadores, se han presentado algunos cambios. Por un lado, durante los tres primeros años se fijó un salario mínimo con aumentos reales altos, en comparación con los aumentos de las décadas previas. Por el otro, en el decreto de 2025, que fijó el salario mínimo para 2026 se cambió el esquema para cumplir el mandato constitucional sobre remuneración vital, algo que había sido ignorado previamente.
Este episodio de la lucha entre la clase capitalista y la clase de los trabajadores asalariados es una batalla más del conflicto permanente existente en nuestra sociedad.
1. En cumplimiento del mandato constitucional el gobierno fijó el salario mínimo con base en el criterio de remuneración vital
En las normas colombianas se dispone lo siguiente: a) En la Constitución Política, en el artículo 25, se establece la especial protección al trabajo y se determina que toda persona tiene derecho a un trabajo digno y justo; dentro de las condiciones básicas de un trabajo digno se encuentra una remuneración adecuada; b) el artículo 53 ordena la expedición del estatuto del trabajo que incluye dentro de sus principios la existencia de un salario mínimo vital y móvil; c) En el código sustantivo del trabajo (artículo 145) se define el salario mínimo como aquel que todo trabajador tiene derecho a percibir para subvenir a sus necesidades normales y a las de su familia, en el orden material, moral y cultural; d) en la ley 278 de 1996, que crea la Comisión de Concertación de Políticas Salariales y Laborales, se determina que el salario mínimo debe garantizar una vida digna para el trabajador y su familia (artículo 2d); d) en caso de que no se llegue a un acuerdo, el salario mínimo será fijado por el gobierno nacional mediante decreto (Artículo 8).
Estas normas se enmarcan en los convenios y declaraciones de la Organización Internacional del Trabajo.
Sin embargo, las normas no precisan que es “vital”, “necesidades normales” o “vida digna”, lo que conduce a diferencias sustanciales en la interpretación según la perspectiva de las partes interesadas.
El gobierno nacional mediante el decreto 1469 de 2025 fijó el valor del salario mínimo en Colombia para 2026 en $1.750.905, cifra que representa un incremento nominal de 23% con respecto al valor de 2025 que era $1.423.500. Adicionalmente decretó que el auxilio de transporte sería de $249.095. La cifra de $1.750.905 se transforma en cerca de $2.800.000 incluyendo los pagos de prestaciones sociales y seguridad social. Este es el costo total que debe pagar un patrón capitalista por la contratación de una fuerza de trabajo simple.
El trabajador no recibe toda esa cantidad, dado que se descuentan unos pagos por salud y pensión; adicionalmente, el valor que recibe mensualmente consiste en el salario mínimo neto más el auxilio de transporte, porque la prima, equivalente a 1 salario mínimo, la recibe en dos pagos (en junio y en diciembre), la cesantía se consigna en un fondo y los intereses de las cesantías se pagan una vez cumplido un año de trabajo.
Durante las últimas décadas el salario mínimo ha crecido muy poco en términos reales e incluso en algunos años disminuyó. Durante el gobierno del Pacto Histórico la fijación del salario ha buscado garantizar un incremento real mayor.
2. El valor del salario mínimo para 2026 implica el crecimiento real anual más alto en la historia salarial colombiana
En la tabla siguiente se presenta la cifra de salario mínimo en pesos corrientes para cada año de 1985 hasta 2026, el incremento porcentual anual, el incremento porcentual real y si hubo concertación o no su determinación. Se observa lo siguiente:
- Durante los primeros 20 años de esta serie el aumento real anual nunca alcanzó el 2% y en varios años incluso disminuyó; durante los gobiernos de César Gaviria el incremento nominal siempre estuvo por debajo de la inflación. Durante los gobiernos de Samper y Pastrana hubo crecimiento real en pocos años.
- El campeón en quitarle capacidad adquisitiva a los asalariados fue César Gaviria, teniendo como director del DNP a Armando Montenegro.
- Durante el gobierno de Andrés Pastrana las tasas de crecimiento real fueron mínimas, siendo el año de mayor crecimiento 2001 con apenas 1.3%
- Durante los dos gobiernos de Uribe varios años estuvieron por debajo de 1% de crecimiento real y el máximo fue 2% en 2006.
- Santos lo hizo un poco mejor, pero el aumento máximo fue apenas 2,6% en 2014.
- Duque hizo los mayores incrementos reales hasta 2022, firmados por Alberto Carrasquilla. En todos los años el incremento fue superior al 2% real y en 2022 se realizó el mayor aumento de toda la serie hasta ese momento con 4,4% real.
- Duque sacó pecho en un trino de X en 26 de diciembre de 2024: “En 2022 (fijado en diciembre de 2021), logramos el mayor aumento real del salario mínimo de los últimos 50 años, un aumento que ni siquiera los que se autodenominan «progresistas” han podido superar. Nuestro aumento coincidió con el año de mayor crecimiento en la historia de Colombia.”
- Durante los tres primeros años los incrementos reales del gobierno de Petro fueron inferiores a los del máximo del gobierno Duque: 2,9%, 2,8% y 4,3%. En comparación con la mayoría de los gobiernos anteriores fueron superiores, pero es cierto que esta ese momento Duque tenía el récord.
- El asunto cambió con el aumento de 2026, que fue en términos reales casi 18%, de lejos el más elevado de la serie.
Estos datos se refieren a la comparación entre el aumento del salario fijado y el incremento de los precios del año anterior, pero puede ocurrir que la inflación efectiva del año en curso sea mucho mayor y por tanto el salario real efectivo no sea tan alto. Por ejemplo, para 2022 el gobierno Duque aumentó el salario mínimo en 10,1% aparentemente 4,4% en términos reales (la inflación de 2021 fue 5,6%), pero la inflación al terminar 2022 fue 13,1% lo que significa que el salario real disminuyó. Algo similar puede ocurrir en 2026 si la inflación de este año es superior a la inflación de 2025.
Estos datos muestran que el mejoramiento real en el ingreso de los trabajadores de salario mínimo ha sido históricamente muy bajo. Durante los últimos 8 años se observa un incremento mayor, con el pico para 2026. Pero en términos absolutos se trata de aumentos paupérrimos.
Colombia. Variación anual absoluta y porcentual del salario mínimo 1985-2026
|
Año
|
Salario mínimo mensual
|
Incremento nominal
|
Inflación causada año anterior
|
Incremento real
|
Proceso de concertación
|
|---|---|---|---|---|---|
|
1985 |
$13.558 |
20.0% |
18.3% |
1.7% |
|
|
1986 |
$16.811 |
24.0% |
22.5% |
1.5% |
|
|
1987 |
$20.510 |
22.0% |
21.0% |
1.0% |
|
|
1988 |
$25.637 |
25.0% |
24.0% |
1.0% |
|
|
1989 |
$32.560 |
27.0% |
28.1% |
-1.1% |
|
|
1990 |
$41.025 |
26.0% |
26.1% |
-0.1% |
|
|
1991 |
$51.716 |
26.1% |
32.4% |
-6.3% |
|
|
1992 |
$65.190 |
26.1% |
26.8% |
-0.7% |
|
|
1993 |
$81.510 |
25.0% |
25.1% |
-0.1% |
|
|
1994 |
$98.700 |
21.1% |
22.6% |
-1.5% |
|
|
1995 |
$118.934 |
20.5% |
22.6% |
-2.1% |
|
|
1996 |
$142.125 |
19.5% |
19.5% |
0.0% |
|
|
1997 |
$172.005 |
21.0% |
21.6% |
-0.6% |
|
|
1998 |
$203.826 |
18.5% |
17.7% |
0.8% |
Concertado |
|
1999 |
$236.460 |
16.0% |
16.7% |
-0.7% |
|
|
2000 |
$260.100 |
10.0% |
9.3% |
0.7% |
|
|
2001 |
$286.000 |
10.0% |
8.7% |
1.3% |
Concertado |
|
2002 |
$309.000 |
8.0% |
7.6% |
0.4% |
|
|
2003 |
$332.000 |
7.4% |
7.0% |
0.4% |
|
|
2004 |
$358.000 |
7.8% |
6.5% |
1.3% |
Concertado |
|
2005 |
$381.500 |
6.6% |
5.5% |
1.1% |
|
|
2006 |
$408.000 |
6.9% |
4.9% |
2.0% |
Concertado |
|
2007 |
$433.700 |
6.3% |
4.5% |
1.8% |
|
|
2008 |
$461.500 |
6.4% |
5.7% |
0.7% |
|
|
2009 |
$496.900 |
7.7% |
7.7% |
0.0% |
|
|
2010 |
$515.000 |
3.6% |
2.0% |
1.6% |
|
|
2011 |
$535.600 |
4.0% |
3.2% |
0.8% |
|
|
2012 |
$566.700 |
5.8% |
3.7% |
2.1% |
Concertado |
|
2013 |
$589.500 |
4.0% |
2.4% |
1.6% |
|
|
2014 |
$616.000 |
4.5% |
1.9% |
2.6% |
Concertado |
|
2015 |
$644.350 |
4.6% |
3.7% |
0.9% |
|
|
2016 |
$689.455 |
7.0% |
6.8% |
0.2% |
|
|
2017 |
$737.717 |
7.0% |
5.7% |
1.3% |
|
|
2018 |
$781.242 |
5.9% |
4.1% |
1.8% |
Concertado |
|
2019 |
$828.116 |
6.0% |
3.2% |
2.8% |
Concertado |
|
2020 |
$877.803 |
6.0% |
3.8% |
2.2% |
|
|
2021 |
$908.526 |
3.5% |
1.5% |
2.0% |
|
|
2022 |
$1.000.000 |
10.% |
5.6% |
4.4% |
Concertado |
|
2023 |
$1.160.000 |
16.0% |
13.1% |
2.9% |
Concertado |
|
2024 |
$1.300.000 |
12.1% |
9.3% |
2.8% |
|
|
2025 |
$1.423.500 |
9.5% |
5.2% |
4.3% |
|
|
2026 |
$1.750.905 |
23.0% |
5.1% |
17.9% |
|
En términos reales el salario mínimo creció, entre 1999 y 2025, 67%, lo cual da un promedio simple de 2,7% cifra inferior al crecimiento promedio del PIB durante el mismo período, que estuvo cercano a 3,7% anual.
3. La ruptura con la práctica tradicional y “técnica” de fijar el salario mínimo
Tan sólido es para el Gobierno su argumento, que Sanguino señaló en una rueda de prensa dada en Presidencia el 30 de diciembre, que “se está inaugurando una nueva era en la discusión del salario mínimo en Colombia. A partir de ahora, el salario mínimo deberá estar referenciado a la definición del salario mínimo vital”. (Diego Ojeda, El Espectador, 2 de enero de 2026).
La práctica tradicional de fijación del salario mínimo ha consistido en enfocarse en el porcentaje de incremento del salario mínimo y no en su magnitud absoluta. De este modo la costumbre usual ha sido partir de la tasa de inflación del año anterior y del incremento en la productividad (laboral y la de la totalidad de los factores). Se suman estas dos cifras con el fin de mantener el salario real y de reconocer, un incremento por productividad. Los capitalistas propusieron incrementar en 2026 un 7,2% que resultaba de 5,3 de inflación, 0,9% de aumento de la productividad y un adicional de mejoramiento de 1%, para alcanzar dicha cifra. En magnitud absoluta esto hubiera representado un aumento de $102.492 pesos nominales y de apenas $28.470 reales.
Antes del gobierno actual siempre se hizo el cálculo de esta manera y el aumento real anual era usualmente miserable, como se muestra en la tabla anterior. El gobierno del Pacto Histórico hizo aumentos nominales y reales durante los tres primeros años superiores a casi todos los aumentos de las tres décadas anteriores (bajo gobiernos claramente favorables a los capitalistas) y un aumento mucho mayor para 2026.
Aunque ha sido catalogado de exagerado, excesivo, desmesurado, desproporcionado, etc., en términos absolutos el incremento nominal es una cifra muy baja, de apenas $327.405 pesos. El cálculo tradicional y usual, recomendado por los “técnicos”, no examina si el salario mínimo alcanza para garantizar una vida digna, simplemente aumenta en una proporción que cubra el aumento del IPC. Además, la propuesta técnica de aumento del salario mínimo coincide, por casualidad, con la de los capitalistas y los gremios que los representan y de los economistas expertos.
Para sustentar su decisión en 2025 con respecto al salario de 2026, el gobierno nacional determinó un salario vital y no el incremento porcentual, con lo cual adoptó la lógica que establecen la Constitución y la ley: fijar un salario que permita garantizar una vida digna o subvenir a las necesidades normales del trabajador y su familia. El gobierno se basó en la conceptualización de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y en un estudio específico para Colombia, que fue presentado el 21 de noviembre a la Comisión de Concertación. De acuerdo con este estudio el salario mínimo debería ser incluso más alto, pero el gobierno decidió incrementar por ahora una parte sustancial dejando para luego otros incrementos para alcanzar dicho salario vital.
Como hemos dicho, los capitalistas propusieron un 7,2% mientras que los representantes de los trabajadores asalariados propusieron un aumento del 16%, reflejando ambos la lógica del aumento porcentual en lugar de la fijación del monto requerido para garantizar un salario vital. Llama la atención que los propios representantes de los trabajadores no hayan asumido hasta el momento, por su cuenta, el enfoque del salario vital.
a) Un insumo técnico: estudio de la OIT sobre salario vital para Colombia
En los considerandos del decreto se afirma que el 21 de noviembre de 2025 la OIT realizó la socialización del estudio titulado “Fijación de salarios / ingresos vitales: sobre la estimación del salario vital para Colombia” en el cual se expuso un marco analítico de carácter técnico y orientador sobre el concepto de salario vital. Con base en lo anterior el decreto presenta una serie de consideraciones[1]:
- El gobierno nacional toma como referente interpretativo y criterio hermenéutico los principios contenidos en el Convenio número 131 de la OIT sobre fijación de salarios mínimos y valora las referencias técnicas presentadas sobre el costo de las necesidades básicas y los valores estimados de salario vital.
- Se asume el salario vital como un nivel de referencia analítico del ingreso laboral que permite ilustrar la suficiencia material de la remuneración frente a las necesidades esenciales de las personas trabajadoras y sus familias.
- Se asume que la estimación del salario vital debe ser suficiente para satisfacer las necesidades esenciales de las personas trabajadoras y sus familias, sin requerir la realización de un trabajo adicional, ni ingresos complementarios.
- Señala que el ejercicio de la OIT se fundamenta en la construcción de una canasta básica de consumo (alimentación, vivienda, salud, educación y otros bienes y servicios esenciales) que refleja los gastos mínimos necesarios para la subsistencia y el desarrollo adecuado de una familia trabajadora, ajustada al tamaño promedio del hogar y al número efectivo de perceptores de ingreso.
- Que el costo estimado de la canasta vital para un hogar de cuatro (4) personas en 2024 asciende a $2.982.589 y para tres (3) integrantes (promedio de personas por hogar según el DANE) es de $1.658.957.[2] En este considerando se presenta primero el valor de la canasta vital para 4 personas y segundo el salario vital bruto para un hogar de 3 personas, asumiendo que hay 1,5 trabajadores por hogar.
- El decreto: 1) toma como referencia el salario vital en 2024 de $1.658.957 y lo ajusta para 2025 en 5,3%, monto estimado de la inflación, lo cual da $1.746.888;
2) Calcula el incremento para 2026 con una tasa de inflación de 4,54%, lo cual da un valor de $1.826.190; 3) Si se fijara el salario mínimo en este valor para 2026 daría un incremento porcentual de 28,3%.; 4) Se propone un incremento de 23%, que equivale a la diferencia entre el salario vital y el salario mínimo para 2025;
Estimación del salario vital en Colombia
La exposición del estudio realizada por la OIT el 21 de noviembre en la Comisión de Concertación se hizo mediante una presentación en PowerPoint
La OIT define así el salario vital: “El nivel salarial necesario para proporcionar un nivel de vida digno a los trabajadores y sus familias, teniendo en cuenta las circunstancias del país, y calculado como contraprestación por el trabajo efectuado durante las horas normales de trabajo; calculado con arreglo a los principios de la OIT relativos a la estimación de los salarios vitales, que ha de alcanzarse mediante el proceso de fijación de salarios, de acuerdo con los principios de la OIT relativos a la fijación de salarios”
Para calcular el salario mínimo vital en Colombia la OIT se basó en la Encuesta Nacional de Presupuestos de los Hogares 2016-2017. Se estimaron las necesidades de los trabajadores y sus familias en cuatro grupos de consumo: alimentación, vivienda, educación y salud, y otros gastos esenciales. Se hicieron cálculos según tamaño del hogar, de 1 a 4 miembros y luego se hizo una conversión de las necesidades vitales al salario vital, asumiendo que cada hogar tiene 1,5 trabajadores. De acuerdo con esta metodología se llegó a un valor de la canasta vital para un hogar de 3 personas en $2.304.107, con base en lo cual se estimó el salario vital en $1.658.957 para 2024. El gobierno proyectó el valor de estas cifras para 2026, las cuales se incluyeron en las consideraciones del decreto.
b) Valor de la canasta básica de miseria y de pobreza 2024 y 2025
El DANE no realiza una investigación estadística sobre el salario vital. La investigación más parecida es la medición de la población en extrema pobreza y pobreza, así como la medición de la distribución de la población en clases sociales según el ingreso.
Para calcular la población en pobreza extrema y pobreza el DANE calcula el valor de dos canastas básicas: a) una canasta que solo contiene alimentos en una magnitud requerida para satisfacer las necesidades calóricas diarias, la cual está compuesta por 39 productos en la zona urbana y 42 en la zona rural; b) una canasta que además de alimentos tiene otros bienes considerados básicos. De otra parte estima los ingresos de los hogares y los ingresos per cápita y los compara con los valores de dichas canastas. El ingreso per cápita de la unidad de gasto es el resultado de dividir el ingreso corriente disponible de la unidad de gasto entre el número de personas que la conforman. Es un valor mensual y se compara con las líneas de pobreza, también mensuales.
Si un hogar tiene ingresos inferiores al valor de la canasta alimenticia se encuentra en pobreza extrema; si un hogar tiene ingresos inferiores al valor de la canasta básica, se encuentra en pobreza. Aquí el DANE incluye no solo los ingresos salariales sino también otros ingresos, principalmente los ingresos obtenidos por la venta de mercancías por parte de trabajadores por cuenta propia.
De acuerdo con lo anterior se encontraron los siguientes resultados en 2024:
- La línea de pobreza monetaria extrema per cápita nacional en 2024 fue $227.220; en el caso de un hogar de cuatro personas fue de $908.880.
- La línea de pobreza monetaria per cápita nacional en 2024 fue $460.198; en el caso de un hogar de cuatro personas fue $1.840.792
Estos datos muestran que las canastas estimadas por el DANE tienen un valor inferior a las canastas estimadas por la OIT en 2024:
Valor de la canasta para un hogar de 4 personas OIT: $2.982.960
Valor de la canasta para un hogar de 4 personas DANE: $1.840.792
Esto estaría indicando que el DANE calcula menos necesidades esenciales que la OIT ¿Por qué? Si se tomara el valor de la canasta de OIT el porcentaje de personas en pobreza aumentaría sustancialmente.
Distribución en clases sociales
Adicionalmente a los cálculos de pobreza extrema y pobreza, el DANE clasifica las personas en cuatro categorías: pobres, vulnerables, clase media y clase alta[1]. Se observa que utiliza la noción de clase en la media y la alta, pero a los otros grupos los denomina pobres y vulnerables; en sentido estricto pobres más vulnerables sería la clase baja. La distribución de la población en clases sociales y el valor per cápita del ingreso para establecer los cortes se presentan en la siguiente tabla. La clase pobre es aquella que está por debajo del valor utilizado para la medición de pobreza.
Colombia. Distribución de la población en clases sociales según ingresos 2024
|
Clase Social
|
Intervalo de ingresos per cápita mensual
|
Total población
|
Porcentaje
|
|---|---|---|---|
|
Pobre |
Menos de $460.168 |
16.238.000 |
31.8% |
|
Vulnerable |
De $460.198 a $897.987 |
15.598.000 |
30.5% |
|
Media |
De $897.987 a $4.835.315 |
17.569.000 |
34.4% |
|
Alta |
Superior a $4.835.315 |
1.684.000 |
3.3% |
|
Total |
|
51.089.000 |
100.0% |
La población vulnerable es aquella que ha superado el umbral de pobreza pero que no gana más de $897.987 mensuales per cápita; se consideran vulnerables porque están en riesgo de caer en la pobreza. En la práctica son también pobres, aunque obtengan ingresos de casi el doble. Si tomamos este valor per cápita límite para la clase vulnerable encontramos que para un hogar de 3 personas el valor sería de $2.693.961 en 2024, una cifra superior al cálculo de la OIT de las necesidades. Si actualizamos con el IPC daría para 2026 un total de $2.984.251. Asumiendo que en promedio en cada hogar hay 1.5 trabajadores, el valor del salario vital debería ser de $1.989.500.
La clasificación del DANE muestra una clase media con una magnitud absoluta (17,5 millones) y porcentual (34,4%) muy grande. El rango es muy amplio: se considera tanto clase media a un hogar con ingreso per cápita de $898.000 como a uno con ingreso per cápita de $4.800.000; equivalente a un hogar de 3 personas con $2,7 millones mensuales y a otro con $14,5 millones. Las diferencias materiales son enormes.
4. Los argumentos en favor de la fijación de un salario mínimo superior
Las razones se encuentran en los decretos expedidos por el gobierno. El argumento principal es garantizar a este segmento de trabajadores asalariados de bajos ingresos un salario que permita que satisfagan sus necesidades vitales; adicionalmente se plantea que el mayor consumo de estos trabajadores puede estimular la producción, las ventas y las ganancias de un conjunto de empresas, incluyendo trabajadores por cuenta propia.
El gobierno plantea que: a) debe haber un salario vital, entendido como una remuneración suficiente para garantizar a las personas trabajadoras y a sus familias un nivel de vida digno, que permita cubrir de manera efectiva sus necesidades esenciales; b) el nivel del salario mínimo fijado para 2025 no cumplía con estas condiciones y se encontraba por debajo del salario vital calculado por la OIT; c) como consecuencia de lo anterior 2,4 millones de trabajadores y sus familias no estaban obteniendo ingresos para garantizar una vida digna; d) se estaba violando el mandato constitucional y legal en la materia.
En el decreto 1469 de 2025 no se mencionó una sola vez la justicia social, pero en el decreto 159 de 2026 se menciona en 5 oportunidades, como argumento para sustentar el salario vital adoptado: “el incremento de la fijación salarial atiende a la necesidad de preservar la suficiencia material del ingreso laboral en armonía con “los principios de justicia social y progresividad de los derechos laborales.”; “El salario vital no se concibe como un umbral de mera subsistencia, sino como un instrumento de justicia social que debe permitir la satisfacción efectiva de las necesidades básicas del trabajador y su núcleo familiar.”; “la fijación del salario mínimo no solo responde a criterios económicos, sino también a la necesidad de armonizar la libertad de empresa con la justicia social y la equidad en la distribución de los beneficios del desarrollo”; los criterios constitucionales prevalentes “aseguran su coherencia con los objetivos de bienestar y justicia distributiva.”
El presidente Petro sostuvo en X, en un debate con Aurelio Suárez[1] que el salario vital genera un efecto directo en la calidad de vida de los trabajadores asalariados porque les permite alimentarse y vestirse mejor, e incluso pagar deudas. Pero genera también un efecto indirecto al estimular la demanda de productos elaborados y comercializados por campesinos, tenderos y vendedores ambulantes; según esto aumentarán los ingresos de estos sectores. “Así se transmite el dinero del salario mínimo a la mayor parte del mundo del trabajo en el país.”
El Departamento Nacional de Planeación en comunicado del 30 de diciembre de 2025[2] destacó el decreto como un avance en la fijación de un salario vital que permita vivir con dignidad. Se anticipó a las críticas que vendrían del bando capitalista y planteó lo siguiente:
“Durante los últimos cuatro años, el salario mínimo ha registrado incrementos reales sostenidos y significativos por encima de la inflación. Esto implica un aumento de ingresos reales para los hogares. Contrario a algunos
- planteamientos, la inflación en Colombia disminuyó y pasó de 13,34 % en marzo de 2023 a 5,30 % anual en noviembre de 2025. Además, el mercado laboral completa 14 meses de reducción en la tasa de desempleo, 16 meses de generación de empleo y 5 meses con niveles de desempleo por debajo del 9 %. La evidencia muestra que mejores salarios y la actividad productiva si pueden ir de la mano.”
- “También es importante destacar que la literatura económica de los últimos años respalda este enfoque. Estudios desarrollados, incluidas las tesis de varios premios nobel que han trabajado los relaciones entre aumentos del salario vs la inflación o el aumento del desempleo, han demostrado que los efectos en estas dos últimas variables han sido menos que proporcionales.”
- La evidencia empírica confirma estos hallazgos tanto en Colombia, donde el salario mínimo ha aumentado cerca de 17 % en términos reales en tres años, sin presiones inflacionarias adicionales y con la creación de cerca de dos millones de empleos, como en experiencias internacionales recientes. En España, por ejemplo, se elevó el salario en más de 20 % y la inflación aumentó en menos de 1 %; igual sucedió en Ecuador, donde se presentaron aumentos sostenidos del 10 % en los salarios y la inflación se elevó muy poco. Las mismas dinámicas se han observado otras economías de la Unión Europea.
El gobierno considera que hay algunos trabajos recientes y otros anteriores que muestran que no se ha establecido una relación causal concluyente entre aumentos del salario mínimo e incremento de la inflación, el desempleo y el trabajo informal; igualmente, estudios que plantean que el incremento en el gasto de estos trabajadores puede tener efectos beneficiosos en distintos ámbitos.
Debería hacerse un esfuerzo serio de seguimiento y evaluación de los efectos de la medida; en la reforma laboral de Uribe, contraria a los intereses de los trabajadores, se argumentó que la disminución de los costos laborales generaría mayor empleo, lo cual no se demostró. Incluso se determinó en la ley que se haría una evaluación que serviría para modificar, en caso de ser necesario, dichas medidas. En todo caso es necesario enriquecer el análisis empírico y teórico. De lo contrario, simplemente habría que aceptar que las condiciones de vida de los trabajadores con salarios más bajos no podrían nunca mejorar en esta sociedad, porque siempre generarían inflación, desempleo e informalidad.
5. Las protestas de los capitalistas y sus soldados
Los capitalistas, sus voceros técnicos (la gran mayoría de los economistas pertenecientes a la escuela neoclásica o marginalista), sus voceros políticos y sus voceros mediáticos, han puesto el grito en el cielo. Consideran que la decisión del gobierno es populista e irresponsable. Esta acusación se ha planteado siempre y se aplica a cualquier medida que incremente los costos laborales para los capitalistas. Por ejemplo, durante el debate de la reforma laboral hubo también una gran oposición a que se aprobaran medidas que incrementaran dichos costos, como disminuir el número de horas nocturnas que se consideran jornada diurna o aumentar el precio de las horas extras y en dominicales y festivos. Los argumentos son casi los mismos y los principales son que el incremento irresponsable del salario mínimo genera o puede generar una inflación mayor, aumento del desempleo e incremento del trabajo informal:
- El aumento del salario mínimo se traduce o puede traducir en incrementos en los precios (mayor inflación) que hacen que se pierda buena parte de lo ganado con el incremento, y además esta situación perjudica también a los trabajadores asalariados que ganan más del salario mínimo, a los trabajadores por cuenta propia y a los asalariados informales. Este argumento aplica también a los aumentos de otros costos laborales.
- El aumento del salario mínimo conduce o puede conducir a mayor desempleo, porque los patronos reaccionan despidiendo trabajadores e intensificando el trabajo de quienes permanecen, o implantan nuevas tecnologías que permiten reemplazar trabajadores.
- El aumento del salario mínimo genera o puede generar un aumento del trabajo asalariado informal por cuanto algunos patronos reaccionan violando las normas del código sustantivo del trabajo no reconociendo el valor del salario, o las prestaciones o la seguridad social.
De acuerdo con lo anterior, los trabajadores asalariados no deberían luchar por un salario mejor (ni tampoco hacerlo el gobierno), porque van a perder lo ganado con el incremento de los precios, y además porque van a perjudicar a una cantidad enorme de otros trabajadores.
Por todo lo anterior, una medida que favorece a aproximadamente 2,4 millones de trabajadores asalariados puede, según los opositores, terminar afectando a los mismos trabajadores y a trabajadores más pobres por el incremento en los precios, en el desempleo y en la informalidad. Los opositores al incremento de salario mínimo se presentan como defensores de los intereses de los trabajadores más pobres y precarios y no como abogados de los intereses de los capitalistas.
Pocos analistas plantean el efecto sobre las ganancias de los capitalistas y sobre la dificultad o imposibilidad de algunas empresas, las más pequeñas, para su operación, llegando en algunos casos a tener que cerrar (lo cual a su vez implicaría mayor desempleo). Estos comentarios mencionan algo que la gran mayoría prefiere omitir prudentemente: el efecto sobre la disminución de las ganancias de los capitalistas, la razón de fondo que se oculta detrás de una diversidad de argumentos técnicos.
Adicionalmente se plantea un conjunto de otros potenciales efectos negativos de la medida: a) Aumento del gasto público; b) aumento en las tasas de interés; c) aumento de los pagos en seguridad social de los trabajadores por cuenta propia; d) aumento del costo de la seguridad privada en copropiedades y de servicio doméstico en los hogares; e) incremento del valor de un conjunto de trámites y servicios del Estado cuyos precios aumentan según el crecimiento del salario mínimo.
Una parte de los analistas y columnistas opositores a la medida afirman tajantemente que se van a producir automáticamente dichos efectos; los más prudentes, prefieren decir que se “podrán” generar dichos efectos. Los estudios cuantitativos realizados no son concluyentes sobre la existencia de relaciones causales automáticas. Los defensores de la medida sostienen que las cifras de los últimos años en Colombia y los datos de otros países, no evidencian que se hayan dado dichos efectos negativos.
La mayoría de los opositores a un incremento inusual o elevado del salario mínimo consideran que el procedimiento técnico, razonable y responsable es el que se ha realizado tradicionalmente: hacer un aumento que reconozca la inflación del año pasado, sumar la productividad y añadir, en algunos casos, alguna migaja extra. Esto lo repiten en coro los capitalistas y sus diferentes voceros.
En un caso de extraordinaria coincidencia, las propuestas de los capitalistas coinciden casi exactamente con las propuestas de los “técnicos” basados en el rigor de la ciencia económica; como veremos, esta posición también la adoptó el magistrado Morales del Consejo de Estado al decretar la suspensión provisional del decreto. Las propuestas de los trabajadores y las decisiones de este gobierno se consideran populistas, contrarias a la técnica e irresponsables. La revisión de los planteamientos de diferentes analistas y periodistas muestra cómo el énfasis está en los posibles efectos negativos y poco o nada se dice sobre los beneficios de la medida. Todo parece indicar que la posición es oponerse al gobierno y luego buscar toda suerte de razones para sustentar esta postura. Si tuvieran razón los críticos en cuanto a todos los efectos negativos de la medida, los trabajadores no deberían pedir aumento, solo el reconocimiento de la inflación.
De otra parte, algunos críticos han señalado que se trata de una medida con fines puramente electorales, considerando que en marzo se realizan las votaciones para Congreso y en mayo y junio las votaciones para presidente. Adicionalmente, algunos pocos, no solamente objetaron la irresponsabilidad del decreto del gobierno, sino que cuestionaron la metodología y los cálculos de la OIT, que el gobierno utilizó como sustento técnico.
6. Precisión de los argumentos en contra
En los diferentes pronunciamientos se encuentran argumentos empíricos y argumentos teóricos, pero claramente predominan los primeros.
El aumento del salario mínimo incrementa la inflación
Con respecto a la posición de que el aumento del salario mínimo se traduce en un incremento en los precios de la canasta de consumo (mayor inflación) se intenta sustentar teóricamente planteando que los salarios son un costo y por tanto al aumentar los costos deben incrementarse los precios. Esto puede tener un elemento de verdad, pero expuesto en forma general no es sustentable. Si en una fábrica aumenta el costo de un insumo, por ejemplo, la madera, es apenas obvio que debe incrementarse el precio de la mesa. Pero si aumenta el salario no necesariamente debe aumentar el precio porque el valor agregado por el trabajador incluye una parte que repone el salario y otra parte que es el excedente generado, que se distribuye en ganancias, intereses, rentas de la tierra e impuestos.
Si aumenta el salario puede ocurrir que el precio no aumente, sino que simplemente se reduzcan las ganancias. Si fuera cierto que todo aumento de salarios puede trasladarse al precio de la mercancía, los capitalistas nunca se opondrían a los incrementos, porque simplemente aumentarían en igual proporción sus precios según el peso de la masa salarial. Pero saben que se requieren condiciones especiales en la estructura del mercado para aumentar el precio, que no en todos los productos y sectores pueden hacerlo a voluntad, razón por la cual se oponen con todas sus fuerzas; en su conjunto, como clase, el aumento salarial implica una disminución de las ganancias, si no hay paralelamente incrementos sustanciales en el producto y la productividad.
Los argumentos empíricos en contra del incremento de los salarios mínimos (y de los costos laborales) tampoco se sostienen suficientemente. No hay un consenso en los estudios estadísticos y econométricos y en ciertas circunstancias se ha observado aumento del salario mínimo y mantenimiento o no incremento sustancial de la inflación. Debido a esto, los economistas más prudentes usualmente dicen que el aumento del salario “puede” aumentar la inflación, con lo cual se curan en salud.
El aumento del salario mínimo genera desempleo
Algo similar puede observarse con relación al argumento de que el incremento del salario mínimo va a generar o puede generar incremento en el desempleo. No existe una teoría que demuestre esta relación y el empleo depende de otros factores además del valor del salario mínimo. Los estudios estadísticos y econométricos tampoco son concluyentes lo que hace, nuevamente, que algunos economistas sean prudentes y prefieran afirmar que el aumento del salario “puede” generar más desempleo. Sin embargo, la repetición de esta crítica tiende a hacer pensar que el desempleo es generado por elevados salarios, lo cual es a todos luces insostenible.
Es una tendencia usual entre los capitalistas buscar permanentemente reducir sus costos, especialmente los laborales; aún sin incrementos elevados del salario de un año a otro y a pesar del bajo nivel absoluto, los empresarios, presionados por la competencia, están siempre explorando formas de mejorar su productividad introduciendo máquinas, procesos productivos y formas de organización del trabajo más eficaces. Esto se observa tanto en la industria manufacturera, como en el comercio y en el sector financiero. Obviamente un aumento que consideren muy elevado del salario, que amenace sus ganancias, los lleva a intensificar esta búsqueda de mejores técnicas productivas.
Algo similar puede ocurrir en situaciones en las cuales se paga un salario, pero no hay una relación capitalista, por ejemplo, los vigilantes de un edificio contratado por los propios propietarios o el servicio doméstico. El aumento del salario puede llevar a algunos edificios a automatizar ciertas funciones, poniendo puertas automáticas y sistemas de ingreso mediante identificación facial; pero esto ha venido ocurriendo desde antes, no es algo nuevo. Con respecto a los argumentos empíricos, los datos de los últimos años en Colombia han mostrado que a pesar de los aumentos reales del salario mínimo, en tasas superiores a lo tradicional, la tasa de desempleo en lugar de aumentar ha disminuido.
El aumento del salario mínimo incrementa la informalidad laboral
Con respecto al tercer argumento, que el incremento del salario mínimo llevará a algunos patronos a dejar de pagar todas las prestaciones y seguridad social, nuevamente se encuentra que no hay evidencia concluyente de la relación y que no hay una sustentación teórica clara. El trabajo asalariado informal ha existido desde siempre en el capitalismo colombiano, incluso en períodos en que el salario mínimo no aumentó realmente o lo hizo en muy poca proporción. Una parte de los capitalistas, especialmente pequeños, no cumple con las normas del código sustantivo del trabajo y aprovecha una situación de elevado desempleo para poder imponer sus condiciones a los trabajadores. Estos capitalistas no cumplen con los requisitos legales desde antes de los incrementos salariales del gobierno del Pacto Histórico. Los datos de los últimos cuatro años muestran que a pesar de los aumentos reales del salario mínimo, la informalidad sigue en sus niveles tradicionales.
Obviamente es necesario hacer seguimiento a los efectos prácticos del incremento del salario mínimo, pero teniendo en cuenta los diversos factores que inciden en la inflación, el desempleo y el trabajo informal. Este seguimiento debe servir no para condenar en absoluto la medida, sino para buscar alternativas para minimizar los posibles efectos negativos. Además debe complementarse con acciones para mejorar los ingresos de los asalariados informales y los trabajadores por cuenta propia más precarios. Muchos de los críticos de las medidas del gobierno del Pacto Histórico han hecho parte de gobiernos anteriores que no han logrado eliminar el desempleo ni el trabajo informal, lo que indica que seguramente no tienen ni idea sobre cómo resolver estos problemas.
Adicionalmente, algunos analistas consideran que la fijación del salario y su aumento de 23% nominal para 2026 es una medida aislada que no se enmarca dentro de una política general de solución de los problemas laborales. Se plantea que no se abordan problemas centrales como el desempleo o la informalidad laboral. Adicionalmente se considera que dadas ciertas características de la estructura económica colombiana el incremento en la demanda de los trabajadores terminará beneficiando más a productores extranjeros por la vía de las importaciones.
7. Elementos adicionales para la discusión
a. No se presta adecuada atención al criterio de participación de los salarios en el ingreso nacional: el salario relativo
En las discusiones sobre el tema se presta poca atención a la participación de los salarios en el ingreso nacional. Se ha utilizado en ocasiones anteriores el dato proveniente de las cuentas nacionales en dos formas distintas. Por ejemplo, en el decreto 2292 de 2023, se indicó que la participación de los salarios fue 31,5% en 2022 y 32,4% en 2023, un aumento de 0,9 puntos porcentuales[1], pero en el decreto 1469 de 2025 se presenta solamente el dato del incremento que fue de 2,81 puntos porcentuales[2]. No se explica por qué el cambio, pero tampoco la manera en la cual se utilizan dichas cifras. Además no se utiliza la cifra para argumentar en favor de los asalariados.
En mi opinión este es un factor que ameritaría un mayor y mejor tratamiento. Sería conveniente que el DANE precisara la participación de la remuneración de los asalariados en el ingreso nacional (o valor agregado) descontando la parte correspondiente a los ingresos propios, que son los ingresos de los trabajadores por cuenta propia que no tienen una relación salarial. El dato relevante es la partición de los salarios en el valor agregado en la producción capitalista, es decir, en la suma de salarios y excedente bruto de explotación. De acuerdo con los datos del DANE se encontraría lo siguiente:
- La participación de los salarios en 2024 fue de 51%, y el excedente bruto de explotación de 49%; más o menos se reparte por partes iguales, lo cual haría pensar en una distribución equitativa.
- Pero resulta, que según los propios datos del DANE hay cerca de 12 millones de trabajadores asalariados y 600 mil patronos (cifra que se reduciría aproximadamente a la mitad, si se excluyen los patronos muy pequeños).
- Entonces el ingreso por capitalista es de aproximadamente 1.000 millones al año, mientras que el del trabajador asalariado de apenas 46 millones.
- El DANE podría precisar las cifras anteriores para mostrar la participación del total de los salarios de los 2,4 millones de trabajadores de salario mínimo en el total del valor agregado.
Estas cifras deberían ser un factor esencial para la discusión del salario mínimo por cuanto muestran: a) la enorme desigualdad existente; b) la disponibilidad de recursos, en forma agregada, para aumentar los salarios. Es decir, sobre el total del valor agregado podría haber un incremento de la masa salarial que mejoraría los ingresos de los trabajadores reduciendo las ganancias, al tiempo que los capitalistas continuarían obteniendo ingresos por persona muy superiores.
Igualmente, estas cifras servirían para mostrar que en el precio de un producto hay un componente importante, los salarios, pero otro igualmente importante en forma agregada, las ganancias. Por tanto, de acuerdo con la interpretación predominante, el nivel de precios y su incremento no depende solamente de los salarios, depende también de las ganancias; en la industria manufacturera la distribución en 2024 es de 22% para los salarios y de 78% para las ganancias: claramente dentro del precio las ganancias tienen una mayor incidencia. Este enorme peso del excedente bruto de explotación (EBE) se observa también en empresas pequeñas de 10 a 19 empleados y de 20 a 49, en las cuales la participación del EBE es de 78% y 72% respectivamente[1].
La consideración de la participación de los salarios en el ingreso nacional debería ayudar a enriquecer la discusión y a modificar la costumbre de simplemente aumentar para mantener la capacidad adquisitiva. El debate usual se concentra en el salario absoluto real, la magnitud de dinero que permite comprar una determinada cantidad de bienes, y la relación de esta magnitud con las variaciones en los precios y/o el valor del dinero. Pero debería abordar también el salario relativo, es decir la participación de los salarios en el valor agregado, la cual indica la posición que ocupan los asalariados en la sociedad. Asumo que por esta razón se introdujo en la ley el factor de participación de los salarios en el ingreso nacional. Los economistas tradicionales, las normas y las prácticas usuales tienden a dejar de lado este factor en los debates. La política de los trabajadores debería ser no solo mejorar el salario absoluto, sino también el relativo en forma importante.
La discusión sobre el salario mínimo (absoluto y relativo) debe abordar y mejorar la información sobre las diferencias en costos de vida por regiones, la diferente situación de las empresas capitalistas en cuanto a su valor agregado, y las diferencias salariales entre los propios trabajadores asalariados. No es fácil, debido a la carencia o insuficiencia de las estadísticas, pero es evidente que la política debería examinar la situación de las empresas pequeñas, su generación de valor agregado y la capacidad efectiva de pagar el salario mínimo.
b. La productividad relevante consiste en la producción de excedente
La medición de la productividad y su utilización para la fijación anual del salario mínimo es confusa. Se habla de la productividad del trabajo, de la productividad del capital y de la productividad total de los factores. En la producción capitalista el objetivo fundamental es la producción de un valor agregado que permita pagar la remuneración a los asalariados y generar un excedente que aparece en diversas formas: ganancias productivas, ganancias comerciales, intereses, rentas de la tierra e impuestos. El capitalismo produce básicamente excedentes, ganancias bajo diversas formas; trabajo productivo es aquel que produce ganancias. Desde esta perspectiva sería más claro y adecuado utilizar el indicador de producción de ganancias, que está directamente relacionado con la distribución del valor agregado entre remuneración a los asalariados y excedente.
El punto clave es determinar cuál es la magnitud y la proporción de las ganancias en el valor agregado, datos que indicarían las perspectivas potenciales de aumentar no solamente el salario mínimo, sino el conjunto de la remuneración a los asalariados.
c. Se elude el debate sobre el valor de la fuerza de trabajo
La mayoría de los críticos elude el debate sobre el valor de la fuerza de trabajo y se enfoca en los posibles efectos negativos de un incremento tan grande de los salarios, vistos principalmente desde la perspectiva de los costos laborales. No se asume el debate de fondo sobre cuál debería ser la magnitud de un salario mínimo para garantizar condiciones de vida dignas para los trabajadores y sus familias.
d. Poca reflexión teórica
En una perspectiva general los opositores, formados principalmente en la teoría neoclásica consideran que el salario: 1) debería fijarse por su aporte marginal a la creación de valor agregado; 2) debería determinarse por la relación entre la oferta y la demanda. Esto implica que debería dejarse a las leyes del mercado y se considera que la intervención del Estado distorsiona. Pero sobre esto hay serias dudas. Primero no hay forma razonable y práctica de medir la contribución marginal del trabajo. Segundo, la oferta y la demanda regulan oscilaciones de los precios según el estado de la oferta y la demanda, pero no explican el costo de producción del trabajo, o de la fuerza de trabajo. Debido a las características del mercado de trabajo hay un desequilibrio permanente en contra de los trabajadores.
e. Justicia social y ética
El enfoque desde la justicia social y la moral aparece tanto en la sustentación que hace el gobierno de la medida (especialmente en las motivaciones del decreto provisional expedido acatando la orden del Consejo de Estado) como en los argumentos de los defensores y en las reflexiones de algunos de los opositores. Los argumentos desde esta perspectiva son válidos para debatir objetivos políticos, pero no contribuyen a entender el fenómeno. Adicionalmente la OIT plantea que “el trabajo no es una mercancía”
Sin embargo, el hecho concreto es que: a) los trabajadores asalariados venden su fuerza de trabajo; b) los capitalistas y otros agentes no capitalistas, la compran, para producir; c) este intercambio es una relación de voluntades entre sujetos jurídicos mediante un contrato. Por tanto, el trabajo o la fuerza de trabajo si es realmente una mercancía, otra cosa es que pensemos que no debería serlo. La declaración de la OIT indica, sin embargo, un propósito: el trabajo no debería ser una mercancía, hay que tomar medidas para que deje de serlo.
8. Balance
a. La perspectiva marxista brilla por su ausencia
En los debates sobre la fijación del salario mínimo rara vez se escuchan posiciones basadas en la teoría del modo de producción capitalista expuesta por Marx en El capital. Salvo unas referencias marginales por parte del presidente Petro y su contradictor Aurelio Suárez, y algunas observaciones de la concejala Heidy Sánchez, prácticamente no se menciona o se utilizan sus planteamientos.
En 1865 en el marco de la primera asociación internacional de trabajadores Marx debatió con otro miembro de la asociación sobre las acciones de los trabajadores para incrementar sus salarios. Weston sostenía que no tenía sentido esta lucha por cuanto lo que ganaban en aumentos salariales lo perderían por el incremento en los precios.
Marx presenta alguna información empírica para refutar la posición de Weston pero señala que lo fundamental es tratar de entender teóricamente la discusión. Sobre esto plantea que un aumento general de salarios (no solamente del salario mínimo) puede generar en algunos productos un exceso de demanda de mercancías de consumo de los obreros que llevaría a que aumentaran los precios de algunos productos, al tiempo que disminuiría la demanda por otros productos de consumo de los capitalistas. Se producirían algunos desajustes de mercado que se irían equilibrando mediante procesos de transferencia de capitales de una rama de producción a otra con el fin de garantizar las tasas de ganancia normales. Marx en su análisis no consideró la producción por parte de productores no capitalistas.
El resultado global de un aumento de salarios, asumiendo que no hubiera cambios en la capacidad productiva de las empresas, sería una disminución en las ganancias de los capitalistas y una recomposición de la estructura productiva entre bienes de consumo obrero y bienes de consumo capitalista. Claramente el enfoque de Marx se fundamenta en la distribución del valor agregado por los trabajadores entre salarios y ganancias, que es el conflicto fundamental al interior de la sociedad capitalista. No es posible analizar estos fenómenos aisladamente.
La economía superficial tiende a ver estos hechos en forma separada lo cual se fundamenta en su concepción sobre la formación de los valores y los precios. Se considera, desde cierta perspectiva, que el precio de una mercancía es la suma de los precios de los factores de producción: trabajo, capital y tierra. El precio de cada factor supuestamente se determina en el mercado correspondiente y se adicionan para obtener el precio total. Desde esta perspectiva, cada factor es un costo y por tanto si aumenta el precio de un factor, en este caso el trabajo, pues debe aumentar inmediatamente el precio de la mercancía.
Marx muestra que el valor de una mercancía está compuesto por el valor del capital constante (maquinaria, herramientas, materias primas) y por el valor agregado por los trabajadores que se divide en el valor de la fuerza de trabajo y el plusvalor. Dejando de lado el capital constante, el valor de la fuerza de trabajo y el plusvalor no se determinan aisladamente sino que proceden de la misma fuente. El DANE muestra esto por ejemplo, con otra terminología, cuando muestra la distribución del valor agregado del país entre remuneración a los asalariados y excedente bruto de explotación.
En esta relación la mercancía fundamental es la fuerza de trabajo. Los trabajadores no venden al capitalista trabajo, sino capacidad de trabajar. Su mercancía, como las demás, tiene valor de cambio y valor de uso. El valor de cambio es el valor de un conjunto de bienes y servicios que un trabajador necesita para vivir “adecuadamente” él y su familia; para producir la mercancía fuerza de trabajo es necesario consumir bienes y servicios (alimentos, bebidas, vivienda, ropa, etc.). El capitalista contrata al trabajador para que realice un trabajo determinado, lo lleva a su empresa y le proporciona los medios para producir (máquinas, herramientas, materias primas); en este momento se da el proceso de trabajo y se realiza un trabajo concreto durante un determinado tiempo, cuyo resultado físico es una masa de mercancías y el resultado monetario una cantidad de valor determinada. De este valor, una vez descontado el capital constante, el capitalista paga a los trabajadores un salario y se queda con un excedente.
Evidentemente, existe un precio de mercado de la mercancía fuerza de trabajo que resulta de la interacción de la oferta y la demanda, la cual explica las fluctuaciones y divergencia con respecto al valor. Si hay exceso de oferta de trabajadores con relación a la demanda, el salario tenderá a bajar, pero tiene socialmente un límite en la medida en que es necesario garantizar un mínimo que permita al trabajador tener la energía y la capacidad para trabajar según las condiciones del proceso de producción. En la realidad usual de la sociedad capitalista siempre hay exceso de trabajadores lo cual hace que las leyes de la oferta y la demanda estén a favor de los capitalistas; en este sentido tiene razón Alberto Carrasquilla cuando dice que en Colombia el salario mínimo es ridículamente alto, porque si no hubiera resistencia por parte de los trabajadores e intervención social por medio del Estado, los capitalistas disminuirían el salario muchísimo más.
Marx muestra que el proceso de acumulación capitalista se caracteriza por un incremento constante de la capacidad productiva lo cual tiene como efecto general el permanente reemplazo de trabajadores por máquinas y la creación de un ejército laboral de reserva, que como hemos dicho, es un elemento para disciplinar a los trabajadores en sus pretensiones de obtención de mayores salarios.
En condiciones teóricas el salario mínimo debería fijarse según el valor de la canasta de bienes y servicios necesaria para garantizar una condición de vida adecuada a los trabajadores. Es un derecho de los trabajadores el obtener del valor agregado que producen una parte que les permita reponer su desgaste y reproducirse; pero este derecho se enfrenta al derecho sagrado en esta sociedad de la ganancia, es decir, el derecho de propiedad sobre el dinero y los medios de producción. La propiedad no es nada si no se cambia por la fuerza de trabajo que agrega valor. Y en estas condiciones la resolución del conflicto se dirime por la fuerza de los contrincantes. La contradicción principal en el capitalismo consiste en la lucha por el salario absoluto y, en forma correspondiente, por el salario relativo, es decir, la participación de los salarios en el valor agregado.
La expedición por parte del gobierno del Pacto Histórico de un decreto que fijó el salario mínimo según el criterio de remuneración vital, que se aproxima a la noción de valor de la fuerza de trabajo, lo cual implicó el mayor aumento real de un año a otro en la historia del salario en Colombia, es un episodio de la lucha de clases y una manifestación de la contradicción principal de la sociedad capitalista.
b. Los argumentos empíricos y conceptuales en el debate
El enfoque empírico ha dominado el debate sobre el decreto del gobierno que fijó el salario mínimo con base en el criterio constitucional de garantizar una remuneración vital. La mayoría de los artículos y columnas de opositores se enfocan en tratar de evidenciar los efectos negativos del incremento del salario mínimo, especialmente si se trata de aumentos porcentuales elevados, sobre la inflación, el empleo y el trabajo formal; defensores de la medida se concentran en refutar esta “causalidad”.
Sin embargo, la información disponible y diferentes estudios cuantitativos no son concluyentes y los defensores muestran estadísticas para comprobar que los incrementos reales en el salario mínimo no generan dichos efectos negativos. Con el fin de dar mayor peso a sus argumentos, la mayoría de los opositores al decreto del gobierno presentan sus argumentos como si fuera una defensa de los trabajadores por cuenta propia, los asalariados informales y de los propios asalariados formales que recibirán un ingreso mayor que se perderá por causa de la inflación. En defensa de los más pobres se plantea la inconveniencia de asignar un salario vital a millones de trabajadores asalariados.
Si tuvieran razón los críticos del decreto se llegaría a la conclusión de que no es posible mejorar el salario real de los trabajadores que ganan el mínimo, dado que la inflación les arrebataría el mejoramiento nominal. Además, aumentar el salario mínimo tiene como consecuencia afectar negativamente a millones de trabajadores (asalariados y por cuenta propia) que están en condiciones peores. Por tanto, los trabajadores no deberían luchar por aumentar sus salarios y los gobiernos favorables a los trabajadores deberían abstenerse de decretar incrementos por encima de los niveles tradicionales “técnicamente sustentados”. Si tuvieran razón los críticos de la medida, no se entiende por qué tanta oposición al gobierno.
Los límites para el incremento de los precios
El aumento de los costos laborales por incremento del salario mínimo “podría” incidir en el aumento de precios aumentando la demanda de ciertos bienes de consumo de la población trabajadora lo cual podría generar, inicialmente, un aumento de precios de estos productos; esto implica, sin embargo, que no haya capacidad instalada subutilizada. Sin embargo, ante el aumento de los precios habría una reacción de ciertos productores tendiente a aumentar la oferta, lo cual llevaría entonces a un descenso y un nuevo equilibrio. El aumento en la demanda de unos bienes por incremento de la masa salarial, haría disminuir la demanda por otros bienes, especialmente de consumo de los capitalistas; lo cual podría llevar a una disminución de estos precios
Se produciría un efecto de transferencia de capitales de unas ramas de producción a otra, hasta que se alcanzara un nuevo equilibrio. En cualquier caso, el efecto agregado de un aumento de la masa salarial (asumiendo que no hay cambios en la capacidad de producción, la productividad y el tamaño del producto), es, en principio, una disminución de las ganancias agregadas y, por tanto de la tasa de ganancia. En términos del producto, hay una recomposición de la estructura productiva (más producción de bienes de consumo de los trabajadores, menos producción de bienes de consumo de los capitalistas). Pero el efecto general, la reducción de las ganancias es lo que molesta tanto a los capitalistas, de todos los tamaños, y ayuda a entender su fuerte reacción en contra.
El aumento del salario mínimo y de la masa total a pagar por salarios en el conjunto de las empresas que contratan a trabajadores con este ingreso, aparentemente podría llevar a un incremento de los precios no solo de los productos de consumo de los trabajadores de bajos ingresos, sino de todos los productos, debido al incremento en los costos laborales.
Pero este posible efecto parte del supuesto de que los capitalistas pueden incrementar los precios a voluntad, que la fijación de los precios es algo completamente discrecional. Frente a este supuesto habría que preguntarse: 1) ¿Si pueden subirlo por qué no lo hacen aunque no hubiera aumento del salario mínimo; 2) ¿Por qué se oponen a la medida si mediante el aumento discrecional podrían compensar el mayor costo?
Los capitalistas pueden fijar precios en el marco de unas estructuras de mercado y determinadas relaciones entre la demanda y la oferta. Si tuvieran la facultad discrecional, podrían entonces subir los precios en cualquier momento, aunque no hubiera un incremento del salario mínimo; obviamente hay diferencias sustanciales entre la facultad que tiene una empresa con elevada concentración del mercado como Bavaria y una pequeña empresa. Pero incluso Bavaria no puede tranquilamente decidir de un día para otro que va a duplicar o triplicar los precios, por cuanto los consumidores pueden reaccionar dejando de consumir, consumiendo menos, buscando sustitutos; además por el lado de la producción y de la oferta, esto podría estimular la entrada de cerveza extranjera de contrabando. Por tanto, el asunto es más complejo y no se puede simplificar diciendo que ante un mayor costo laboral inmediatamente aumentan los precios de las mercancías.
Los capitalistas saben que no pueden hacer automáticamente la transferencia del costo laboral al precio en el monto suficiente para compensar los aumentos en los costos; si pudieran hacerlo no se opondrían nunca a los aumentos, simplemente aumentarían los precios y ya. En la práctica saben que el aumento del costo laboral les disminuye, en principio las ganancias, razón por la cual ante la impotencia para compensar reaccionan fuertemente en contra.
La magnitud y el aumento del salario mínimo no crean el desempleo ni el trabajo informal
El desempleo y el trabajo informal son un fenómeno consustancial y persistente al desarrollo del modo de producción capitalista en Colombia. Empíricamente siempre ha habido una tasa elevada de desempleo y de subempleo, junto a una masa enorme de trabajadores por cuenta propia, productores de mercancías bajo relaciones no capitalistas, en condiciones muy precarias. Esto ocurre aunque los ingresos salariales de la gran mayoría de los trabajadores son muy bajos, esto es, a pesar de que el precio de la fuerza de trabajo se ubica en niveles cercanos a los mínimos de subsistencia.
Evidentemente, ante un alza del salario mínimo que afecta las ganancias de los capitalistas, hay una reacción. Los capitalistas buscan, en el proceso de la competencia, reducir sus costos laborales, y otros, para aumentar las ganancias, mediante diversos métodos para aumentar la capacidad productiva, lo cual implica incremento del capital constante (máquinas, herramientas, materias primas) y la reducción de personal en términos relativos o absolutos. (ejemplos de los bancos, etc.). En relaciones no capitalistas, como la contratación de vigilantes directamente por los propietarios, se busca reducir por el costo introduciendo sistemas automáticos de ingreso a un edificio.
Igualmente, el aumento del salario mínimo puede inducir a otros capitalistas a precarizar las condiciones laborales de sus trabajadores o a mejorar su eficiencia para evitar contratar nuevos trabajadores. En la práctica, una parte importante de capitalistas, sobre todo pequeños realizan desde hace décadas estas prácticas, en las cuales no reconoce a sus asalariados el pago del salario mínimo con todas las prestaciones y parafiscales ordenadas por la ley. Obviamente, la reacción de los capitalistas puede conducir a aumentar los trabajadores asalariados en condiciones precarias. Pero en términos estructurales el trabajo informal no es generado por el aumento del salario mínimo.
La situación usual del mercado laboral tiende a que la gran mayoría de trabajadores (por cuenta propia precarios) y asalariados gane un ingreso que a duras penas satisface las necesidades vitales, e incluso, si las mediciones fueran rigurosas, a que no alcance para garantizar siquiera unas condiciones dignas; además, parte de las necesidades de los trabajadores son satisfechas por el Estado y no se cubren con los pagos salariales.
¿A qué se debe esta situación? A que el mercado laboral está caracterizado por un exceso de oferta de trabajadores frente a las necesidades de explotación del capital, en comparación con la demanda de los capitalistas. Esto presiona el salario a la baja. Si el capitalista sabe que tiene una fila de personas esperando ser contratada tiene una posición dominante en esta relación contractual y puede ofrecer salarios menores; ante la necesidad de algún ingreso, encontrará siempre quien esté dispuesto a trabajar por poco y sin cumplimiento de las formalidades. Es por esto por lo que Alberto Carrasquilla puede decir que el salario mínimo es ridículamente alto (y esto antes de los incrementos de los últimos años). Desde la perspectiva exclusiva de la oferta y la demanda, tiene toda la razón. A Carrasquilla no lo conmueve que el salario no alcance para vivir dignamente. Él es un economista cuya ley principal es la implacable relación de la oferta y de la demanda.
c. Contexto de la situación laboral
El trabajo no es una mercancía: OIT[1], pero la fuerza de trabajo sí.
La clase trabajadora colombiana se divide en dos grandes categorías: los trabajadores asalariados que actualmente son cerca de 12 millones de personas y los trabajadores por cuenta propia, que son aproximadamente 10 millones de personas. Adicionalmente hay un poco más de 2,8 millones de desempleados y 8,3 millones de mujeres que realizan trabajo doméstico en sus propios hogares. La gran mayoría de los trabajadores tiene ingresos muy bajos, una buena parte incluso por debajo del salario mínimo.
Y una proporción muy grande trabaja en empresas unipersonales o muy pequeñas, sin cumplimiento de las normas laborales en el caso de los asalariados, y sin acceso a pensión tanto en los asalariados como en los trabajadores por cuenta propia. Dentro de cada una de las grandes categorías hay una escala profesional y de ingresos en la que la gran mayoría se ubica en la base y existe una capa media y superior de trabajadores asalariados (que cumple labores administrativas, técnicas, de dirección) y de profesionales por cuenta propia, que obtiene ingresos muy superiores al salario mínimo.
El ejército activo de trabajadores asalariados se divide en: a) trabajadores al servicio de empresas capitalistas (que son cerca de 10 millones); b) trabajadores al servicio del Estado; y c) trabajadores al servicio de otros hogares en diversas tareas: aseo, cocina, cuidado de niños y ancianos, conductores, jardineros, vigilantes, etc. Todos estos tienen en común que viven de un salario, pero se diferencian en cuanto a la naturaleza de su trabajo.
Los asalariados al servicio de los capitalistas son una inversión (el capitalista destina parte de su capital al pago de salarios): se contratan con la finalidad de elaborar unos productos o servicios y de generar unas ganancias a sus patronos. Estos son los trabajadores verdaderamente productivos: producen un excedente de valor. Los trabajadores del Estado producen bienes y servicios, pero no producen ganancias al Estado: se financian con impuestos. Los trabajadores en los hogares de capitalistas o de otros asalariados de altos ingresos también producen bienes y servicios, pero con cargo no al capital, sino a los ingresos: son un gasto y no generan un excedente. Estas dos últimas categorías son productivas de valores de uso, pero no de valores de cambio.
Los trabajadores asalariados capitalistas elaboran el PIB capitalista que de acuerdo con el DANE fue en 2024 de aproximadamente $1.120 billones, de los cuales los trabajadores se quedaron con 578 billones y los capitalistas con 542 billones; como los trabajadores son 10 millones y los patronos 600 mil, los ingresos por persona son abismalmente diferentes. La sociedad capitalista produce todos los años este enorme excedente que se expresa en las ganancias de las empresas productivas (manufactura, minería, agricultura, etc.), comerciales, financieras, y en los intereses de los capitalistas prestamistas y en las rentas de los dueños de la tierra. ¿En qué se basa la riqueza de los capitalistas? En la extracción continua de este excedente.
¿En qué se basa este excedente en forma agregada? En el pago de bajos salarios: a) el salario relativo agregado es apenas la mitad del valor agregado pero los asalariados son el 95% del total de las personas; b) el salario absoluto es muy bajo para la gran mayoría de los asalariados. Entendemos por bajo aquí que no alcanza para adquirir una canasta vital, una canasta de bienes y servicios que garantice una vida digna.
Durante la historia del capitalismo colombiano la gran mayoría de trabajadores que gana un salario mínimo, o un poco más, no ha recibido un salario vital, de acuerdo con las mediciones de la OIT (e incluso podría ser que la medición de la OIT sigue estableciendo un valor de la fuerza de trabajo muy reducido). La sociedad capitalista que por un lado ofrece una lista inmensa de derechos, por el otro, ha condenado a la clase trabajadora asalariada a: 1) bajos salarios; 2) informalidad; 3) desempleo.
La clase trabajadora no ha tenido la fuerza suficiente para pelear y ganar salarios mayores, tanto relativos como absolutos; incluso se ha acostumbrado y ha aceptado con cierta resignación la costumbre tradicional de mantener el monto mínimo en niveles inhumanos y recibir aumentos que básicamente cubren lo perdido por la inflación con un miserable mejoramiento anual. De hecho en todos los años en los cuales se concertó el salario mínimo durante los últimos 30 años, el incremento fue bastante bajo, y en la negociación del salario para 2026 los representantes sindicales pidieron un aumento de 16% y finalmente el gobierno lo incrementó 23%. Todos los gobiernos anteriores al actual de Pacto Histórico estuvieron de acuerdo con esta política de sometimiento a salarios miserables para la mayoría de los asalariados.
Entre los factores principales para comprender esta situación se encuentra el enorme desempleo existente siempre; la tasa de desempleo oscila, en algunos casos baja en otros sube, pero siempre hay un porcentaje elevado y millones de personas en el desempleo. A esto se suma la gran masa de trabajadores por cuenta propia que: a) provienen de formas de producción que el capitalismo no ha logrado por diversas razones desaparecer, como los pequeños productores campesinos, los pequeños productores urbanos de bienes y servicios, los pequeños comerciantes, tenderos, vendedores callejeros, etc.; b) son trabajadores que perdieron sus empleos asalariados o nunca lograron integrarse al mercado asalariado. Sobre la clase trabajadora en su conjunto pesa la presión de tantas personas buscando un empleo, lo cual redobla su sometimiento y resignación.
La gran mayoría de trabajadores por cuenta propia tienen también ingresos similares o menores al salario mínimo y deben en muchos casos trabajar jornadas extensas para conseguir dicho magros ingresos. El capitalismo colombiano no necesita toda esta mano de trabajo que se convierte en un inmenso ejército laboral de reserva. Aunque no son explotados directamente por un capitalista dado que no tienen una relación salarial si lo son en forma indirecta.
Es una lucha de clases que han ganado sistemáticamente los capitalistas, que cuentan con un ejército enorme y poderoso de voceros. Frente a la decisión de un gobierno favorable a los trabajadores se activaron todos los batallones favorables a los capitalistas para cuestionar lo que consideran un aumento irrazonable, populista y anti-técnico.
La inhumanidad de los opositores a cualquier medida que aumente un poco los ingresos de los trabajadores asalariados es tal que no solo buscan echar para atrás la decisión, sino que culpan a los propios trabajadores de buena parte de los males sociales. Parecería según la argumentación de todo el ejército al servicio del capitalismo, que el desempleo y la informalidad son causados por el hecho de que se aumenten $327.5000 mensuales a un trabajador. Esconden detrás de un posible efecto negativo en empleo o formalidad, las causas reales de la falta de empleo y la existencia de trabajo precario por fuera de las normas laborales.
Incluso desde una perspectiva humanista mínima se hacen los de la vista gorda; salvo algunas contadas excepciones, la mayoría de los opositores a la reforma omiten abordar un tema de fondo que les ha planteado el gobierno ¿cuál debería ser el ingreso digno y justo para cualquier trabajador en Colombia?
d. Conclusiones y perspectivas
La economía tradicional dominante aborda el asunto desde una perspectiva pragmática y empírica, acorde con las nociones que surgen de la práctica usual en los negocios. Pero aunque se queda en la superficie, a partir de sus planteamientos es posible identificar elementos de la estructura dentro de la cual se enmarcan estos fenómenos.
Los trabajadores asalariados venden una mercancía a los capitalistas que la compran para producir. Desde la perspectiva de los capitalistas, los trabajadores asalariados son un costo laboral. Es decir, estamos en una sociedad supuestamente de “iguales”, pero resulta que unos ciudadanos compran a otros. Esto no les interesa mucho a nuestros economistas: es algo natural, como que el agua moja. Pero es un elemento fundamental para entender nuestra sociedad: es una estructura particular con relaciones sociales de producción específicas.
Lo que se vende no es el trabajo, aunque así lo piense el capitalista, lo crea el trabajador, lo considere dogma científico el economista y lo sancione el Código Sustantivo del Trabajo. Tampoco se vende el trabajador: de ser así estaríamos en una sociedad esclavista. Lo que se vende es la fuerza de trabajo: una capacidad de trabajar, un conjunto de condiciones físicas, anímicas y mentales que tiene el trabajador. Para tener esta capacidad hay que vivir, capacitarse y reproducirse. Por tanto, el trabajador necesita una canasta de bienes y servicios (alimentos, vivienda, ropa, muebles, servicios públicos, transporte, recreación, cultura, deporte, etc.). Tiene razón la OIT cuando declara que el trabajo no es una mercancía. Pero le faltó decir que la fuerza de trabajo si es una mercancía, especial, que se vende y se compra en el mercado y que tiene un valor. Este es un hecho cotidiano, observable, que viven en su práctica cotidiana millones de trabajadores propietarios de dicha mercancía y forzados a venderla; y cientos de miles de capitalistas que la compran para producir y obtener ganancias.
La capacidad de trabajar que el trabajador vende debe tener un valor que permita comprar esos bienes y servicios, de modo tal que pueda estar disponible para ir a trabajar al servicio de su patrón. Aquí aparece un límite físico: hay un mínimo necesario. Pero en la práctica concreta el límite puede ser elástico. El patrón presiona para que sea lo más bajo posible: si el trabajador puede ir todos los días al trabajo alegre, sonriente y obediente, viviendo en una casucha, comiendo pasta, arroz y agua panela, con poca ropa y escasos muebles ¿no es esto suficiente? ¿Para qué comer carne de res o pescado, huevo o leche todos los días?
El conflicto esencial en esta sociedad de desiguales es la determinación de esta canasta y la fijación de un valor monetario. El mínimo físico es el referente para hablar de alto o de bajo. Las fluctuaciones del mercado están referidas este nivel. Los capitalistas contratan a los trabajadores para que combinados con los medios de producción (máquinas, herramientas, materias primas) elaboren todo el producto y su ganancia proviene de la diferencia entre lo que pagan a los asalariados y el valor agregado que estos generan. El DANE mide esto en forma agregada en las cuentas nacionales; por ejemplo, en 2024 los capitalistas compraron cerca de 12 millones de fuerzas de trabajo por valor de 578 billones y los trabajadores elaboraron un valor agregado de 1.120 billones, que les dejó un excedente bruto de explotación de 542 billones. La esencia del sistema capitalista se encuentra aquí.
En la realidad capitalista, a pesar de todas las proclamas de dignidad y humanidad, el hecho concreto es una lucha entre dos ejércitos enemigos. Los patronos capitalistas tratan de que el trabajador viva con lo mínimo indispensable; el trabajador quiere obtener un salario mejor y tener una vida digna (aunque sea esclavo asalariado). Se trata de dos derechos enfrentados: el derecho de la propiedad privada a la ganancia, derecho sagrado y fundamental, y el derecho del trabajador a obtener una remuneración por su capacidad de trabajo que le permita una vida digna. El resultado no puede determinarse teóricamente, surge de la lucha, que a su vez depende de la fuerza de las partes en conflicto. La historia colombiana muestra que el ejército de los capitalistas tiene más fuerza, por eso va ganando. El ejército de los trabajadores asalariados es más débil, por eso va perdiendo.
Lo que ha hecho el gobierno del Pacto Histórico es reaccionar frente a ciertos triunfos anteriores de los capitalistas. Es un conflicto que se parece a una guerra de guerrillas. Hay escaramuzas todo el tiempo; los trabajadores ganan alguna batalla, los capitalistas reaccionan y logran tener una operación exitosa y recuperar parte del terreno perdido. Por ejemplo, durante el gobierno de Álvaro Uribe su reforma laboral le quitó o restringió derechos a los trabajadores; la reforma de Petro recupera algunos de esos derechos (la jornada nocturna comienza a las 7pm, los festivos y dominicales se vuelven a pagar al 100%, etc.). O durante 40 años los capitalistas lograron que a los trabajadores de salario mínimo se les reconociera tradicionalmente un mísero aumento real. Ya los capitalistas y sus voceros académicos, mediáticos y judiciales, deben estar preparando una contraofensiva para por ejemplo modificar la ley 278 de 1996 de manera tal que no se les vuelva a colar un Petro.
La guerra principal se enfoca en la magnitud absoluta del salario nominal, pero sobre todo del salario real, la cantidad de bienes y servicios que se pueden adquirir. Los trabajadores se han resignado tradicionalmente a este enfoque que es el más concreto. El esfuerzo del gobierno con la noción del salario mínimo vital apunta en el sentido de pelear que se reconozca el valor de la fuerza de trabajo. Pero es insuficiente. La lucha además de por el salario mínimo vital y el incremento de otros niveles salariales, debería enfocarse también en el salario relativo. Dentro de los factores que contempla la ley 278 de 1996 se encuentra la participación de los salarios en el ingreso nacional. Los trabajadores deberían pelear para que se incremente sustancialmente esta participación.
Todo lo anterior se enmarca dentro del modo de producción capitalista sin cuestionarlo. Es por así decirlo, un enfoque sindical económico. Necesario y conveniente para los asalariados. Es destacable que el gobierno del Pacto Histórico se enfoque en el conflicto esencial dentro de esta sociedad y muestre la distancia entre los principios constitucionales y los objetivos deseables y las condiciones reales del capitalismo. Es necesario valorar que el Pacto Histórico plantee claramente la lucha de clases.
Pero la discusión no debería parar aquí. Lo fundamental se encuentra en una estructura de relaciones sociales de producción que conducen inherentemente a someter a la gran mayoría de trabajadores a condiciones materiales de vida deplorables tanto en términos absolutos como relativos, junto con la persistencia de una masa de desempleados permanente. Los avances que pueda lograr el gobierno del Pacto Histórico serán revertidos o limitados tanto por los operadores judiciales favorables al capitalismo como por un futuro gobierno de un partido alineado claramente con los intereses de los patronos. Tenemos un ejemplo reciente en la reforma laboral lesiva para los trabajadores en Argentina. Y Abelardo de la Espriella propuso que el salario mínimo lo fije el Banco de la República.
Es necesario insistir en que la solución de fondo se encuentra en la supresión del trabajo asalariado, en la eliminación de la relación social esencial de este sistema. Los trabajadores no deberían limitarse a lucha por un salario justo, sino plantear la meta de la supresión del trabajo asalariado.
30 de marzo de 2026
